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Posted by on Nov 2, 2015 in Reflexiones sobre el amor | 0 comments

Reflexión Sobre Los Sencillos Goces de la Vida

Los Sencillos Goces de la Vida

Ahora, a mis años, contemplo con sereno desasimiento el espectáculo que ofrece un mundo convulso, ávido de placeres, diversiones, poder, prestigio y egoístas satisfacciones, y me asalta el deseo de que alguien describa y ensalce los goces sencillos de la vida. Pienso, al desearlo, en las cosas que cada cual puede obtener…con tal que las consigas antes que los achaques de la helada vejez lo incapaciten para ello.

Reflexión Sobre Los Sencillos Goces de la VidaCuanto menos ágil me siento, más pienso en el placer de andar con pie ligero por uno de esos caminitos rurales bordeados de fragantes setos, pisando con paso seguro las piedras salteadas para cruzar un arroyo cristalino, o de quedar atónita al voltear por alguna senda montañera, y sorprender a la naturaleza en todas las fases de su inagotable hermosura. También me deleita la satisfacción de hacer bien las humildes tareas diarias o de crear o modelar algo por el puro placer de hacerlo.

A medida que voy perdiendo el oído, pienso en la emoción placentera que despierta la voz de un ser querido, las risas de los niños que juegan y retozan la música, el canto de un ministril ambulante, el distante son de las campanas, y hasta el fragoroso estruendo del trueno y el silbido del viento que precede a la benéfica lluvia. Algunas veces, el semisilencio de la nieve al caer blandamente me produce inefable sensación de quietud.

Y a medida que la edad me nubla y debilita la vista, pienso en el placer de la lectura, ya sea de una carta, ya sea de un libro, ya sea de un tema que propicie la honda y sosegada meditación. Portento sin igual es el de ver el cielo de la noche tachonado de brillantes estrellas, bañado en el plateado resplandor del plenilunio, los primeros rayos del Sol naciente, o la pompa y la riqueza de matices del ocaso. ¡Y cuánto me solazaba viendo el bien cuidado jardín de mi vecino con sus simétricos arriates llenos de flores, con su orgía de capullos de encendidos colores, o columbrar, de la otra banda del valle, las colinas que lo encuadran en un lindo marco de verdor, y los campos labrados que han de convertirse en un mar ondulante de rubias espigas entreveradas de rojas amapolas!

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Ahora, aunque mis comidas son cada vez más frugales, por mi quebrantada salud, pienso en el regalo de una buena mesa, en los manjares bien guisados y sazonados: huevos frescos y jamón serrano antes de principiar los trabajos del día; un apetitoso almuerzo en la cordial compañía de un vecino o un amigo; el fuerte sabor de la dorada carne y hortalizas después de concluir la jornada con toda la familia en torno de la amplia mesa.

¿Quién podría contar los innumerables placeres por ese estilo que el Cielo me ha concedido? Ahora, en la creciente penumbra del inevitable crepúsculo, gozo recordándolos. Añadid a la fruición íntima y tierna de esos amables recuerdos, el noble ocio, el “ocio con dignidad”, que dijo el latino; y una suma mayor de tiempo para descansar y rezar. Y cifro, por último, mi mayor goce, el más dulce y entrañable de todos, mi fe ferviente y mi confianza inalterable en un Creador que todo lo sabe, en un Dios de amor, verdad y justicia, que vela eternamente por nosotros.

Minie Bauer

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