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Posted by on Nov 20, 2015 in Reflexiones de Superación | 0 comments

Historia de la Vida Real : La Bondad Que Perdura

El término bondadoso es un adjetivo que se utiliza para indicar a una persona llena de bondad, de genio apacible, la persona bondadosa se caracteriza por ser una persona que realiza el bien y promover todo lo bueno para las personas que se encuentran a su alrededor. Tener bondad es ser benevolente, amable e intenta procurar la ayuda de otro. La Bondad perdura y trasciende, sino leamos esta historia de la vida real para reflexionar acerca del poder de la bondad:

La Bondad que Perdura
Historia de la Vida Real  La Bondad Que Perdura
Nací y me crie en África. Mi madre era médico y realizaba continuamente largos viajes para vacunar a la gente. Yo la acompañaba en sus recorridos. Una vez fuimos hacia los montes de Mozambique donde había una guerra de guerrillas. Se suponía que no debíamos vacunar a los lugareños, pero para mi madre todos eran iguales.

Yo la ayudaba a vacunar a los niños contra la polio. Cargaba con los terrones de azúcar y colocaba uno en la boca de cada pequeño después que estos recibían las amargas gotas. Eran días de relativa paz.

Cuando me hice adulto, la guerra recrudeció tanto que durante 10 años nadie se aventuraba a ir por aquella zona. Por lo que tuve que inmigrar hacia Inglaterra en donde me dediqué al periodismo.

El diario en el que laboraba me envió nuevamente hacia Sudáfrica en donde continuamente se ultrajaba a la población, ahí me interné en Mozambique, por segunda vez, desde que era niño.

Para obtener información tuve que recurrir a mil hazañas, hasta que los guerrilleros me detuvieron acusándome de espía. El grupo de hombres que me había capturado gustaba de jactarse cómo lo había hecho. Mientras más marihuana fumaban, el relato era acompañado de más puñetazos y patadas. Yo temía que al sargento se le ocurriera dispararme en cualquier momento por impresionar a sus camaradas.

Hasta ese momento no había entendido nada de lo que mis captores decían, hasta que oí con toda claridad que el comandante le daba órdenes a su criado en el dialecto que hablaban en uno de los pueblos en que yo había crecido. Escuché un poco más y luego, con algo de miedo saludé al comandante en el mismo dialecto.

Él se asombró y me preguntó dónde había aprendido a hablar así. Fue entonces que le conté que de niño había vivido en la zona. El comandante me preguntó por mi apellido. “Godwin”, le respondí.

“Godwin”, repitió con gesto pensativo, como si tratara de recordar algo “¿Era tu madre la doctora de este lado de la frontera?”, a lo que respondí afirmativamente.

Entonces sonrió, meneó la cabeza y me estrechó la mano efusivamente. –Ella me vacunó cuando yo era niño- dijo, mostrándome la cicatriz en su brazo. Recordamos juntos cuando yo les daba a los niños terrones de azúcar. Los soldados que me habían maltratado guardaron de inmediato silencio. En un segundo pasé de ser rehén a huésped distinguido.

Me devolvieron mis cosas con solemnidad y me escoltaron hasta la frontera. Antes de separarnos, los rebeldes quisieron tomarse una foto conmigo. Aún la conservo. Es un testimonio de que la bondad se paga con bondad.
Peter Godwin
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